Un rostro sin lagrimas

Un rostro sin lagrimas

Que sepas que te querré siempre.

Se acercó y posó suavemente una mano sobre su pecho mientras le mi-
raba fijamente con aquellos ojos en los que tantas veces había visto refle-
jados sus sueños y que ahora brillaban como dos estrellas gemelas al brotar
una lágrima de ellos. El intentó cogerla con su dedo, pero no pudo, como
tampoco podía sentir su mano en su pecho, ni el calor de su cuerpo junto a
él. Leer el resto de esta entrada »

la fuga

LA FUGA
 La oficina le ahogaba. Su despacho se configuraba en su mente como
uno de aquellos calabozos para desafectos al Régimen que había visitado en
una cárcel museo en un viaje reciente. Eran celdas austeras, con pocos
alardes de seguridad. Pero era la suya una austeridad carcelaria y triste,
sin concesiones. Aurelio, no obstante, tenía un privilegio. Al igual que
aquellos desgraciados reclusos en su celda, contaba con bastante tiempo
para si mismo. Apenas tenía trabajo.

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Fatidico Hechizo

Él, como cada atardecer desde hacía 20 años, estaba sentado en la orilla de la playa. El sol se iba ocultando lentamente, tiñiendo el cielo de un color rojizo del que era imposible evadirse. El acantilado se recortaba irregularmente, contrastando con la infinidad del firmamento. Y una pareja de gaviotas volaba curiosa, en busca de algún pez olvidado por los pescadores que habían terminado su jornada.

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El alma de las flores marchitas

El coche se apartó de la carretera principal y lentamente serpenteó por un camino lleno de baches que subía pegado a las laderas de las montañas. Atrás iban quedando las viejas casas rurales rodeadas de huertos con sembrados multicolores en torno a los viejos muros de piedra con chimeneas humeantes. A cada kilómetro se hacían más densos y oscuros los bosques de pinos, castaños y robles, a cuyos pies crecían los helechos.
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La hora exacta

       Estoy esperando el autobús para dar un paseo por el parque. El médico me lo ha aconsejado para mi precaria salud. Estos hombres de gris que también esperan el mismo autobús, tampoco parecen gozar de muy buena salud. Uno acaba de toser, y ¡Santo Dios!,¡ha escupido sangre!. Otro vomita ahí al fondo.
Parecen como oficinistas que miran el reloj impacientes para acudir a su rutinario trabajo…si no la palman antes, claro ¡pobres desgraciados!. Leer el resto de esta entrada »

La presencia

Gudrum se subió aún más el cuello de su abrigo. La ventisca de nieve que había empezado hacía unos minutos arreciaba por momentos. Un gélido viento helaba sus mejillas. Se dirigía a la cabaña, poco antes había estado ordeñando una de las vacas en el pequeño establo que poseía su familia. Iba apresurada, pues tan sólo un momento antes, cuando estaba en el establo, había sentido miedo. Estaba sola, pero no era por eso.

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una historia

UNA HISTORIA

¿Me dejas que te cuente una historia?. No se si creérmela, pero un amigo
mío dice que era una tarde de domingo en que no ponían nada bueno en tele-
visión. Hasta ahí me la creo. Cuando de repente sonó el teléfono, y al otro
lado una voz de una mujer desconocida le dice:

-Pero ¿Cómo no viniste?.

Mi amigo me asegura que no conocía aquella mujer que le pedía explicacio-
nes, y como no ponían nada bueno en televisión, mi amigo sigió con el rollo
y dijo:

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Sonido de un collar

 SONIDO DE UN COLLAR

     La luz se filtraba a través de los transparentes y ambarinos cristales
de las ventanas. Comenzaba un nuevo día, y como ocurría con cada amanecer,
Liliana se levantó temprano.

     Liliana estaba divorciada, y su vida era un completo desastre. Odiaba
todo lo que hacía. Le deprimía los transparentes cristales de las ventanas,
los nuevos días que nacían soleados y calurosos.  Detestaba mirarse en el
espejo, y ver su propio rostro demacrado por el tiempo y por una continua
sucesión de preocupaciones.  No podía soportar su trabajo ni el insufrible
ir i venir diario. La rutina la agobiaba y aplastaba.

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Recuerdos

RECUERDOS

El viento choca en mi rostro mientras miro a través de la ventana. Los
árboles se balancean, los perros ladran, las farolas iluminan. No hay nadie
en la calle, y es raro, porque es verano, aunque precisamente hoy no es un
día típico del verano. En la oscuridad de la noche cierro los ojos y lo veo
como si hubiese sido ayer. ¡Maldita la hora en que te conocí!.

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Diosa luna

 DIOSA LUNA

       Soñaba que era grande,  que podía coger el mundo en una  mano, que
podía tocar las dentadas crestas de las montañas. Soñaba que podía alcanzar
con sus dedos esa fina capa de aire, esa bóveda azul incorpórea. El Universo
el infinito…, todo podía estar en sus manos,  bastaba con soñar para que
pudiese casi palpar la pura realidad.

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