sigue el viaje
24 Octubre, 2007 — DavidLa tierra gala, o es arena?
Llegar a recepción y ver la bandera de España entre otras en la tarjeta de la recepcionista con la leyenda le atendemos en …
fue una alegría un poco de… esto marcha. Pero, ya se sabe, la alegría nunca dura mucho en la casa del pobre.
- “Hablan español”
- “Si un poquito”
Lo cierto es que no se lo que entendía por, un poquito, suerte que algunos sabían ingles, y en ingles pedimos la parcela que teníamos elegida, en español no había forma.
A todo esto ya eran las dos de la tarde cuando empezamos a montar el tenderete, en lugar de comer. A las tres por fin la comida y a las 15:30, con el estomago lleno y un sol de justicia, primera subida a la duna por una parte del grupo. Grupo: Dícese del conjunto de personas superior a la unidad. En este caso tres personas.
La subida es por una rampa de arena de playa muy, muy escarpada, eso si tiene unas pequeñas escaleras metálicas tiradas en la arena, y en cosa de siete a diez minutos, se dice pronto, se llega a la cima. La escalera metálica acababa unos diez metros antes de la cima con una especie de escultura minimalista, muy a lo Chillida, espera… o no!, son cachos de la escalera clavados todo tiesos en la arena. La subida a la cima llegados a este punto era algo inexcusable, efectivamente subimos, a nuestra espalda en la subida, un bosque de pinos hasta donde alcanza la vista y al llegar a la cima, la vista de la bahía y los arenales es algo por lo que merece la pena subir.
La bajada por la cara de la playa fue algo irrepetible, en el mas estricto sentido de la palabra, llegar abajo, fácil. La arena virgen, recordaba laderas nevadas deseosas de ser perturbadas por un ser humano. No pudimos resistir la carrera libre y desenfrenada. Y todo para tocar el océano.
La subida fue otra cosa. Lo menos 20 minutos, se dice aún más pronto, de subir una ladera no demasiado inclinada a comparación con la otra cara, pero sin escaleras, las 16 de la tarde en el reloj, usease el sol en toda la coronilla y con una arena que parecía dura a la bajada pero en la que se hundía el pie al ir a subir lo justo para cansarte más de lo ya normal en estas circunstancias.
Como decía, una experiencia no-repetible, jejeje.
Otra cosa muy distinta, fue la bajada por la cara escarpada de la duna, eso si fue un descubrimiento interesante.


