El alma de las flores marchitas

El coche se apartó de la carretera principal y lentamente serpenteó por un camino lleno de baches que subía pegado a las laderas de las montañas. Atrás iban quedando las viejas casas rurales rodeadas de huertos con sembrados multicolores en torno a los viejos muros de piedra con chimeneas humeantes. A cada kilómetro se hacían más densos y oscuros los bosques de pinos, castaños y robles, a cuyos pies crecían los helechos.
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La hora exacta

       Estoy esperando el autobús para dar un paseo por el parque. El médico me lo ha aconsejado para mi precaria salud. Estos hombres de gris que también esperan el mismo autobús, tampoco parecen gozar de muy buena salud. Uno acaba de toser, y ¡Santo Dios!,¡ha escupido sangre!. Otro vomita ahí al fondo.
Parecen como oficinistas que miran el reloj impacientes para acudir a su rutinario trabajo…si no la palman antes, claro ¡pobres desgraciados!. Leer el resto de esta entrada »