El coche se apartó de la carretera principal y lentamente serpenteó por un camino lleno de baches que subía pegado a las laderas de las montañas. Atrás iban quedando las viejas casas rurales rodeadas de huertos con sembrados multicolores en torno a los viejos muros de piedra con chimeneas humeantes. A cada kilómetro se hacían más densos y oscuros los bosques de pinos, castaños y robles, a cuyos pies crecían los helechos.
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