Diosa luna

 DIOSA LUNA

       Soñaba que era grande,  que podía coger el mundo en una  mano, que
podía tocar las dentadas crestas de las montañas. Soñaba que podía alcanzar
con sus dedos esa fina capa de aire, esa bóveda azul incorpórea. El Universo
el infinito…, todo podía estar en sus manos,  bastaba con soñar para que
pudiese casi palpar la pura realidad.

       Ricardo era un joven imaginativo  que creaba como tantos  su mundo
interior, su vacío en el que él mismo podía ahondar todo lo que quisiera.
Abrió los ojos y allí estaba, al lado de su tienda tumbado a medianoche en
el verde prado.  El cielo estaba cubierto de mareas de estrellas que parpa-
deaban sin parar. Parecía que aquella noche el Universo entero había bajado
sus pies para que él mismo las pudiese contemplar. No podía imaginarse que
aquella noche ocurriría algo que daría un giro radical a su vida.

       Aquellas constelaciones, Casiopea, Orión,… parecían que sostenían
el Universo  bajo sus brazos,  ahí se encontraban el mundo,  ese mundo de
Ricardo, allí se refugiaba cerca de su madre Luna.

- Mi querida Luna, ¡qué bella estás hoy!

       Todas las noches  Ricardo le dedicaba algún elogio que engrandeciese
aún más a su señora, a su diosa Luna:

- Luna, ¡vuela alto!, ¡despliega tus alas y crece en la cima de la montaña!,
  ¡abre tu corazón, Luna, sacía la sed del ser que te contempla!. Luna ama-
  da, Luna deseada,  Luna amiga,  Luna hermana,  sé mi confidente y no me
  abandones, no apartes tu mano de mi camino y desvélame los mil secretos
  escondidos en tu negro manto de estrellas. Permíteme, oh reina de la noche,
  pedirte un favor:  Yo en realidad no deseo estar aquí.  ¡Coge mis manos y
  que tu terciopelo  blanquecino se funda con mi piel!, ¡Alzame entre tus
  estrellas tan alto que el mundo a mis pies no sean nada más que un lugar
  donde regresar después de este viaje!.  Oh,  reina de la noche, ¡bésame,
  bésame y abrázame fuerte!, ¡no me sueltes Luna, no me sueltes!.

       Ricardo abrió los ojos  y allí estaba,  al lado de la chimenea del
tejado.  Y tras haber realizado esta plegaria, se dispuso a bajar de allí,
pero, aquella noche,  Ricardo sentía dentro de su ser que quería ser dife-
rente, y, esperando el acontecimiento, cayó adormecido junto a la chimenea
del tejado. De repente sintió como un lazo que rodeaba sus piernas y brazos
le elevaba poco a poco sobre el tejado de aquella casa abandonada.  Abrió
esos ojos que tantas veces había abierto tras soñar y,  marcando un do de
pecho, dio un grito que sobrecogió todo su cuerpo.

       Aquel lazo plateado  de estrellas juguetonas  le suspendían de la
bóbeda azul de la noche, elevándolo poco a poco hasta ver aquella casa en
medio del campo como un pequeño punto negro. Bajo él, el mundo, y sobre él,
el Universo.  Agarrado de manos y brazos Ricardo no cabía  de gozo en el
interior de su ser.

- Diosa Luna, ¡Gracias, no lo olvidaré!

       Desde entonces espero que mi amigo Ricardo salga de este estado de
coma. Paso tantas noches en esa habitación del hospital,  que la magia de
su imaginación se impregna en mi alma. Me asomo a la ventana y veo en ese
firmamento azul una sonrisa dibujada, una sonrisa de estrellas al lado de
esa Luna seductora y misteriosa, donde descansa mi amigo Ricardo, que vive
feliz en ella, y guarda en la Tierra a su alma gemela.

P.D. : para encontrar y descargar la seleccion “completa´´  :http://es.geocities.com/eb3emd/miscel.htm

2 comentarios para “Diosa luna”

  1. Fran Dice:

    no puedo oir el cuento y tengo

  2. Spooky Dice:

    Aquí hay unos cuantos audio de Cuento Contigo y de otros programas que son fáciles de descargar: http://blip.tv/posts/view/?user=me
    Espero que os guste.


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